Mujer con Esclerosis Múltiple y ‘autoculpa’

 
  • Share this on Google+
  • Pin this page
  • Share this on Linkedin
  • Share this on WhatsApp
02/11/2017

Un estudio sobre el estrés en EM apunta que ‘las mujeres con EM tienen mayor tendencia a autoinculparse’

¿Qué es la culpa?

Es un sentimiento desagradable nacido de la sanción, el señalamiento acusador o la condena producida por “algo que hicimos o que no hicimos y se asumía que debíamos hacer o no hacer”. La culpa produce tristeza, remordimiento, lamento, angustia, impotencia y frustración.

Pero, atención, a veces las personas se sienten culpables por acontecimientos que no son su responsabilidad.

Según un estudio, las mujeres con EM desarrollan una mayor tendencia a autoinculparse

Un artículo reciente en Revista de Neurología (núm. 65 de 2017) menciona un estudio realizado sobre el manejo del estrés en la EM remitente recurrente y el análisis de las diferencias de sexo tanto en el manejo del estrés como en el rendimiento cognitivo de los pacientes.

En el estudio no se detectó un estilo de estrategia de afrontamiento predominante en la Esclerosis Múltiple, pero sí se vio que “las mujeres tienen mayor tendencia a autoinculparse“.

Aunque la muestra del estudio fue pequeña, muchos testimonios confirmarían que las mujeres con EM desarrollan una mayor tendencia a autoinculparse que los hombres, en relación al “no cumplimiento” de lo que se espera de ellas como mujeres (esposas, madres, hijas, abuelas…):

  • ‘Estoy como fuera de lugar. No soy yo misma, no me reconozco’
  • ‘Se supone que yo debería…’
  • ‘No estoy haciendo…, pero no puedo’
  • ‘Cuando mis hijas tengan hijos no podré ayudarlas como está haciendo mi madre con ellas ahora mismo…’
  • ‘No sirvo’, ‘que dirán de mí’

Estas frases son frecuentes en las consultas de psicología, y todas ellas han sido expresadas por mujeres con EM. Sí, el género podría condicionar el afrontamiento de la enfermedad asociado al sentimiento de culpa.

La carga histórica y los convencionalismos sociales

La conciencia colectiva de siglos y siglos de educación aún tiene su peso. Históricamente la mujer ha sido la “cuidadora”, la que llevaba adelante las tareas del hogar, la que acompañaba a la pareja, la que atendía, la que se encargaba de la alimentación, higiene y atención de mayores y pequeños. Y esa conciencia histórica común tiene mucho peso sobre la persona que, teniendo la edad de hacer todas estas cosas, no puede hacerlo debido a la enfermedad.

Tenemos un regulador interno, producto de la herencia social, que nos influye a la hora de valorar determinados aspectos propios compartidos socialmente. Tendemos a pensar que lo que hace la mayoría es ‘lo bueno’…

Entre estos aspectos incluimos la división de tareas entre sexos y lo que debe o no asumir cada parte. Y no nos referimos sólo a tareas del hogar, sino al cuidado entre ellos mismos, hijos (habidos o por haber), apoyo social, relaciones sexuales… Todo ello afecta a nivel de autoestima de la propia mujer, ya que su propia imagen interna como mujer acaba diluyéndose dentro de la enfermedad.

De ahí que las mujeres con EM expresen:

  • ‘No sirvo’, ‘que dirán de mí’, ‘no puedo, se supone que…’
  • ‘Debería hacer la comida para mi marido, pero no puedo coger ni un cuchillo’
  • ‘No puedo acompañar a mi pareja a su cena de empresa’
  • ‘No soy tan ágil en las relaciones íntimas, acabará cansándose de mí’
  • ‘No hemos podido tener hijos’

¡Tendemos a olvidar que las personas que están a nuestro lado pasarían por alto todas estos “convencionalismos” con tal de tenernos junto a ellas!

Me siento culpable… ¿qué puedo hacer?

Nadie dijo que la gestión de una enfermedad crónica como la EM fuera fácil, y mucho menos lidiar con los efectos que provoca, tanto físicos como psíquicos. Pero muchas de las barreras están en nuestra mente cuando tomamos como referencia lo que opinen los demás.

Liberándonos de la culpa, modificando las formas de hacer de lo que se espera que deberíamos hacer, aportaríamos a la sociedad y a la familia toda nuestra capacidad de hacer y de amar.

La culpa puede generar sentimientos tan desgarradores que nos pueden paralizar. Lo más ‘cómodo’ (y desagradable) es anclarse en el lamento, pero lo mejor para nosotras y nosotros es descubrir de donde nace realmente nuestra sensación de culpa y comenzar a construir el presente: pasar a la acción.

Recuerda:

  • ¿Dónde está escrito que seas tú quién…? Hay tareas que pueden ser desempeñadas por cualquier otra persona que no sea la propia afectada de EM.
  • Delega en los demás; recurrir a la ayuda de terceros en las cosas que nos cuesta hacer en nuestro día a día nos va a beneficiar. Sin son muchas o pocas tareas no viene al caso; lo importante es no llevar nuestro cuerpo al límite cuando no es necesario y otros pueden hacerlo por nosotras. Eso no nos convierte en malas personas, malas mujeres, malas madres…
  • Sé flexible. Adapta las tareas a la presencia de la EM. Las tareas pueden desarrollarse de diferentes formas y en tiempos diferentes; no hay que desempeñarlas como si no se tuviera una enfermedad. La EM existe, es real.
  • Aprende a pedir ayuda. Aprender cómo gestionar el sentimiento que nos provoca pedir ayuda es difícil ¡pero muy necesario!
  • Consulta con profesionales sociosanitarios para buscar la solución a problemas concretos (psicólogos, terapeutas ocupacionales, asistentes personales, médicos, neurólogos, enfermeras…).
  • Escucha a tu cuerpo; es un buen guía.
  • Evita las comparaciones y depender demasiado de la aprobación ajena.
  • Conserva tu propia feminidad. Las mujeres somos más que un cuerpo; somos gustos, normas, valores morales… Somos esencia.
  • Comunícate emocionalmente. Cuando aparece la EM dentro de las relaciones más estrechas, debemos saber qué priorizamos y qué valoramos de uno y de otro, y decírnoslo. Debe ser un constante diálogo y un recordatorio de lo que unió en su día como pareja, amigo…
  • Si tienes hijos, recuerda que no solo se es madre cuando hay que ir tras un pequeño que aprieta a correr. Madre es aquella persona que transmite valores, normas, formas de ser, de saber estar…
  • Trátate bien, sé buena contigo misma, quiérete. Trata con respeto a los demás… ¡y también a ti! Envíate mensajes respetuosos, positivos, y que te impulsen hacia delante.

 

Sandra Sánchez. Psicóloga de la Asociación de EM del Baix Llobregat, AEMBA. Autora del blog “Psicología con Sandra’

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Nos encantará conocer tu opinión sobre esta noticia, pero primero tenemos que indicarte que los comentarios serán moderados. Los comentarios off-topic o promocionales, así como aquellos que contengan un lenguaje inapropiado, serán eliminados. Esclerosis Múltiple España no responderá a consultas a través de este formulario. Si deseas realizar una consulta, dirígete a info@esclerosismultiple.com